Bienvenido, Mr. Marshall

septiembre 24, 2019
bitubi comunicación

Este pasado fin de semana en bitubi comunicación nos hemos ido a Torices, un lugar del interior de Cantabria al que se llega dirección Potes y después de pasar por el desfiladero de la Hermida, una carretera que es mejor hacer de día y con buen clima. Preciosa, eso sí.

Torices (pertenece a Cabezón de Liébana) es un lugar entre las montañas de los Picos de Europa y, según la wikipedia, tiene 27 habitantes. Damos fe de que así será porque nos hemos cruzado con 4 personas en 2 días: un matrimonio de mediana edad cuya casa estaba en frente de los apartamentos rurales en los que nos hemos alojado; un paisano de edad avanzada que contemplaba cómo hacíamos una barbacoa en las instalaciones de los apartamentos; y, la última persona, otro paisano, de mediana edad, al que nos encontramos en el monte dando de comer a sus cabras (igual ni era de Torices, pensándolo ahora).

[Imagen: Torices, localidad de Cantabria. Foto: bitubi comunicación]

No es la primera vez, ni será la última, que vayamos a un lugar así a pasar un fin de semana; el choque con tu día a día es tal que es una buena cura para recargar pilas. Los paisajes son espectaculares, los ruidos sólo proceden de la propia naturaleza y la desconexión (en todos los sentidos) puede llegar a ser total. PERO. Vamos a hablar de ese “pero”.

La España rural (parte de ella, vaya)

Pero algunos pueblos se están quedando sin habitantes. Puede que por eso de la nostalgia, muchas personas que han emigrado a las ciudades vayan “al pueblo” a pasar el fin de semana, los puentes o parte de sus vacaciones, pero es un hecho que el resto del año, en algunos pueblos no queda nadie.

La vida en un pueblo o en un lugar de las características de Torices, por ejemplo, no tiene que ser fácil. Para comprar algo en un supermercado o para ir a una farmacia, hay que coger el coche e ir por una carretera de montaña no muy buena unos 6 kilómetros. Para ir al médico, no lo sabemos. Y para comprar un par de botas de lluvia o una chaqueta de invierno, tampoco. Porque pasar el invierno en Torices no es una tontería, eso desde luego.

[Imagen: Torices, localidad de Cantabria. Foto: bitubi comunicación]

El pasado mes de marzo hubo una manifestación en Madrid para exigir a la clase política soluciones a la España rural. La organización dice que fueron 100 mil personas; la delegación del gobierno, 50 mil: pongamos la cifra media, 75 mil personas. 75 mil personas pidiendo que no se les olvide, que se les dote de infraestructuras dignas, empezando por la vivienda, que se les facilite el acceso a la sanidad y a la educación. Y todo esto en el año 2019.

Y es que la despoblación de algunas zonas rurales es un grave problema. No sólo por la pérdida de patrimonio e historia o de agricultura y ganadería, que también, si no por la pérdida de valores. En una sociedad tecnológica en la que, paradójicamente, cada vez ponemos más el foco en las personas, en la importancia de las relaciones interpersonales y en la comunicación, estamos perdiendo los valores que tuvieron nuestros padres, nuestros abuelos y los abuelos de nuestros abuelos. Estamos perdiendo los valores del mundo rural. ¿O no?

Me vuelves Lorca

A mediados de septiembre acudimos a Experience Builders, un evento sobre la construcción de experiencias, el turismo y el ocio. Allí pudimos escuchar a Anna Kemp, de la que nos declaramos fans absolutas, y conocer lo que han conseguido en Laroles, localidad escondida y desconocida de La Alpujarra (Granada) cerca de la frontera con Almería.

Imagen: Anna Kemp en Experience Builders (foto de bitubi comunicación)

Laroles tiene 600 habitantes (casi una ciudad si lo comparamos con Torices) y ha tenido históricamente un gran problema de despoblación, emigrando sus habitantes hacia Granada o hacia Almería. Además, aun perteneciendo a La Alpujarra granadina, no atraía a visitantes. Precisamente, pensando en poner a Laroles en el mapa turístico, surge la idea de dotar a este municipio de un festival cultural con la figura de Federico García Lorca como eje vertebral. ¿Conseguiría Laroles reinventar la idea de “La Barraca“?

Así, la comunidad local, capitaneada por Anna Kemp y con mucho trabajo y ayuda institucional construyeron en 2013 un anfiteatro en una era de la localidad. Con sus manos, sí, contando para ello con las personas en paro de Laroles y apelando a los valores rurales de toda la vida: si un vecino necesita ayuda, el resto acude a contribuir con lo que tiene.

Imagen: Anna Kemp en Experience Builders (foto de bitubi comunicación)

Este fue el principio de un festival que ha sido objeto de portada de periódicos internacionales y que se celebra de forma anual durante 3 fines de semana seguidos entre los meses de julio y agosto. Este 2019 ha sido su 5ª edición. Ole!

Durante el festival, Laroles se llena de gente de otras comunidades y de otros países atraídos por la figura de Lorca y por el espíritu del festival. Un festival que nació para “crear un catalizador económico y cultural en una zona amenazada por el desempleo y la despoblación” (fuente: https://www.mevuelveslorca.com/#festival). La comunidad local se implica tanto en la organización como en dotar de servicios (bebida, comida, lugares de descanso, etc.) a artistas y visitantes. “Me vuelves Lorca” ha sido un revulsivo para este municipio y, aunque hay mucho trabajo por hacer año a año, es un ejemplo de cómo dar nombre a un lugar que, posiblemente, hubiera quedado deshabitado en unos años.

La España rural se vacía y las ciudades se llenan. ¿Es sostenible? No lo vamos a responder, lo preguntamos para que reflexionemos.

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